Pro Memoria: Los rumanos en Austria-Hungría y la unión de Besarabia con Rumanía
El 27 de marzo de 1918, Besarabia se unió al Reino de Rumanía después de la votación del Consejo Nacional, el órgano representativo de la provincia. Inmediatamente después de la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial, los desórdenes creados por el ejército ruso constituyeron un peligro real para la vida y la propiedad de los civiles. Un factor decisivo para estabilizar la situación fueron las tropas voluntarias de Transilvania que, junto con el ejército rumano, garantizaron la paz y el orden.

Steliu Lambru, 31.03.2025, 14:06
Durante los años de la Primera Guerra Mundial, los rumanos en Austria-Hungría se enrolaron fueron enviados a luchar en el frente por su país. Pero muchos rumanos de Transilvania, Banato, Maramureș y Bucovina, cada uno por el nombre de la provincia histórica de la que procedía, ya no consideraban que Austria-Hungría fuera su país y no querían luchar contra los rumanos en Rumanía. Y cuando muchos cayeron prisioneros, su perspectiva sobre el futuro cambió radicalmente.
Si los rumanos en Rumanía entraron en el fuego de la Primera Guerra Mundial en 1916, los rumanos en Austria-Hungría conocieron sus horrores desde el principio, en 1914. Enviaron a la mayoría de ellos a los teatros de operaciones en Galiția o en la actual Ucrania occidental, así como en Italia. Algunos desertaron y otros cayeron prisioneros en manos del ejército ruso. Los procesos de conciencia por los que pasaron los rumanos en el ejército austrohúngaro, atrapados entre cumplir con su deber para con su país y la sensación de no luchar contra otros rumanos, tuvieron un gran impacto en la literatura y la edición rumana.
Cuando Rumanía entró en el conflicto en 1916, apareció la idea de liberar a los prisioneros rumanos del ejército austrohúngaro de los campos rusos e incluirlos en el ejército rumano, una idea inicialmente rechazada por el gobierno ruso. Según las estimaciones de las autoridades rumanas, unos 120.000 rumanos del ejército austrohúngaro fueron retenidos como prisioneros de guerra en campos rusos. Después de insistentes esfuerzos por parte del gobierno rumano, en 1917 el gobierno ruso acordó el establecimiento de un cuerpo de voluntarios rumanos de Transilvania y Bucovina, siendo nombrado comandante del cuerpo el general Constantin Coandă, padre del futuro inventor Henri Coandă, agregado militar de Rumanía en San Petersburgo.
A través de la Declaración de Darnița, la localidad cercana a Kiev donde fueron llevados los que eligieron unirse al ejército rumano, los voluntarios de Transilvania y Bucovina confesaron su deseo de que Rumanía se uniera a los territorios de Austria-Hungría habitados por rumanos. Unos 1800 soldados rumanos del ejército austrohúngaro formaron el primer destacamento que en el verano de 1917 llegaría a Rumanía y participaría en la sangrienta batalla de Mărășești. En total, en marzo de 1918, unos 10.000 exsoldados rumanos del ejército austrohúngaro decidieron unirse al ejército rumano.
La presencia del cuerpo de voluntarios de Transilvania y Bucovina en las uniones de 1918 de Besarabia, Bucovina, Banato, Maramureș y Transilvania con el Reino de Rumanía fue sólida. La primera unión fue en marzo de 1918 cuando el Consejo Nacional, el órgano legislativo de Besarabia, decidió unirse a Rumanía.
El general Titus Gârbea, entrevistado por el Centro de Historia Oral de la Radiodifusión Rumana en 1994, cuando tenía 101 años, recordó que el acta de Chisináu fue la primera buena señal que recibió la sociedad rumana, después de haberse visto obligada a firmar la paz con las Potencias Centrales, como consecuencia de la salida de Rusia de la guerra. La anarquía que se había apoderado de la región tras el triunfo de la revolución bolchevique fue un factor que aceleró aquella unión en la que también participaron los habitantes de Transilvania y Bucovina.
«Entonces una estrella brillante cayó del cielo y Besarabia hizo un llamamiento y se unió a nosotros. La Unión de Besarabia, en la que participamos, el 27 de marzo de 1918, fue un consuelo para nosotros. Los rusos eran igual de malvados en su país, pero especialmente en Besarabia, donde robaban y violaban en todas partes. El ejército rumano llegó con un espíritu de orden y los besarabios demostraron ser muy patriotas, incluso nos dijimos a nosotros mismos “Dios, ¡pensábamos solo en los transilvanos!” sobre todo yo, que soy transilvano de parte de mi madre. Pero estos besarabios son mejores patriotas que los transilvanos. Y, de hecho, se unieron con gran entusiasmo».
El general Gârbea, un joven subteniente de 25 años en 1918, recordaba la efervescencia del momento que había envuelto a todos. Y el papel de los transilvanos en esa unión había sido, como él decía, importante.
«Recibimos, con los besarabios con los que estábamos en contacto todos los días, con gran entusiasmo esta unión, y sobre todo porque había llegado el orden: no más robos, no más saqueos, no más asesinatos de personas, era una desgracia. En Besarabia, en la unión del 27 de marzo de 1918, algunos de los soldados de Transilvania y Bucovina que habían caído prisioneros se los transformaron en unidades rumanas cerca de Kiev y se los enviaron a Besarabia. Llegaron a Besarabia a través de la Unión. Y como estaban llenos de entusiasmo, especialmente los de Bucovina y Transilvania, trajeron un ambiente rumano saludable a Besarabia. Y cuando tuvimos que ir a Moldavia para defenderlo y solo quedaba un ejército muy pequeño, se agregaron estos transilvanos que vinieron de Darnița, como se llamaba la ciudad cerca de Kiev. Ellos, junto con los patriotas rumanos Constantin Stere, Alexandru Marghiloman, Vasile Morțun, trajeron a Besarabia, especialmente a Chisináu, un ambiente muy favorable para Rumanía».
En 1918, el Cuerpo de Transilvania y Bucovina escribirá otra página memorable en la historia de aquellos tiempos. También participará decisivamente, en otoño, en la unión de Bucovina con el Reino de Rumanía.
(Versión en español: Mihaela Stoian)